Hay personas que llegan a terapia con una sensación difícil de explicar:
“Sé que eso pasó hace años… pero mi cuerpo no lo sabe.”
El trauma no vive solo en los recuerdos. Vive en el cuerpo, en las emociones que aparecen sin aviso, en la dificultad para estar plenamente en el presente. Y cuando esto ocurre, hablar del pasado puede sentirse abrumador, incluso peligroso.
Por eso, en el trabajo terapéutico con trauma, la seguridad siempre va primero.
El trauma no se recuerda, se revive
Cuando una experiencia ha sido demasiado intensa o dolorosa, el sistema nervioso puede quedar atrapado en modo supervivencia. El pasado no se ordena como una historia con inicio y fin, sino que aparece fragmentado, sin palabras, sin tiempo.
En estos casos, pedirle a alguien que “cuente lo que pasó” no siempre es la mejor opción. A veces, el camino necesita ser distinto, más amable, más respetuoso del ritmo interno de cada persona.

La línea de vida: mirar la historia sin volver a vivirla
La línea de vida es una herramienta terapéutica que permite observar la propia historia desde una cierta distancia, sin necesidad de entrar de lleno en los recuerdos dolorosos.
A través de una línea dibujada en el tiempo y de símbolos elegidos por la propia persona, se van colocando aquellas experiencias difíciles que marcaron su vida. No se trata de revivirlas, sino de reconocer que existieron, darles un lugar y empezar a ordenarlas.
Muchas veces, por primera vez, la persona puede decir internamente:
“Esto fue mucho… y no fue mi culpa.”
Cuando no hay palabras, el cuerpo encuentra otra forma de expresarse
Hay experiencias que todavía no pueden contarse con palabras. Y eso está bien.
El dibujo, los símbolos y lo visual permiten que aquello que quedó atrapado en el cuerpo empiece a expresarse de una forma más segura.
La línea de vida ayuda a:
- Regular la intensidad emocional.
- Mantener el contacto con el aquí y ahora.
- Dar estructura a una historia que antes se sentía caótica.
- Sentirse acompañado durante el proceso.
No hay dibujos correctos o incorrectos. Cada símbolo tiene el significado que la persona le da.
Recuperar el control, paso a paso
Una de las heridas más profundas del trauma es la pérdida de control. Por eso, durante la elaboración de la línea de vida, la persona decide en todo momento hasta dónde avanzar.
Puede pausar, detenerse o continuar en otra sesión.
Este simple acto —elegir— ya es en sí mismo terapéutico.
La línea de vida no obliga, no invade, no empuja. Acompaña.
Un espacio seguro para empezar a integrar la historia
Con el tiempo, esta herramienta puede ayudar a que las experiencias dolorosas dejen de aparecer como amenazas constantes y comiencen a ocupar un lugar en el pasado. No para borrarlas, sino para que ya no dominen el presente.
La línea de vida no es una prueba, ni un examen, ni una técnica rígida. Es un puente: entre el cuerpo y la mente, entre el pasado y el presente, entre el dolor y la posibilidad de sanar.
Porque sanar no siempre empieza hablando.
A veces empieza mirando la propia historia con más compasión.

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